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jueves, abril 13, 2006

Las 3 cosas más inútiles

--¿Cuáles son las 3 cosas más inútiles del mundo? – dijo Ramón sonriendo mientras se apoyaba en la oxidada banca de aquel parque.
--No lo sé –dijo David, dando pie a que continuara con el chiste.
--Como todos sabemos la primera es el pito del Papa.
--De acuerdo, jejeje –dijo David mientras se acercaba a unos arbustos dando la espalda a su amigo.
--La segunda es el cerebro del presidente.
--Ok ¿y cual es la tercera? –cuestiono David mientras liberaba la presión de su esfínter y daba libertad a la orina que se desparramaba sobre las raíces de aquellos arbolitos.
--Pues la tercera es...

¡Piriiiiiiiii! ¡Priiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! – se escuchó un silbato a lo lejos --¡Hey, chavos! ¿Qué hacen? –un grito a la distancia.
David y Ramón pudieron ver a tres policías que se acercaban a paso veloz empujando sus prominentes barrigas lo más rápido posible, para colocarse finalmente donde ellos se encontraban.

--Joven acaba de cometer una infracción del tipo civil, en este parque no se puede orinar –dijo el oficial más regordete.
--Pues usted no podrá oficial, pero mire yo hasta surcos hago –dijo David de forma socarrona.
--Muy chistoso, joven –dijo de nuevo el oficial que parecía ser el líder-- pero acaba de cometer un delito.
--¡Discúlpeme oficial pero es que ya me andaba –volvió a contestar David de manera no muy formal.
--Pues lo siento joven, la ley es la ley
--Se hubiera fijado que no pasara nadie joven ¿Pues que no nos vio? –cuestiono otro de los azules, el que parecía ser el mas joven de todos, ostentaba una incipiente barriga además de lucir un mostacho de color dorado de esos que nunca han sido rasurados que le daba una apariencia como de ratón Crispín que a Ramón le pareció bastante graciosa.
--Además, ¿Qué no vio la capilla enfrente, no tiene respeto por la virgen? –interpeló ahora el tercer policía que por el cabello cano debía ser el mas viejo.
--Si, oficiales, siento mucho todo lo ocurrido, no volverá a pasar. ¡Es que también no hay baños cerca!
--¿Cómo que no hay? Esta el de plaza Hidalgo, aquí a 7 cuadras – alegó el policía mas joven—ese abre incluso a estas horas de la noche.
--¡Uchale, mi joven va a haber que llamar a una patrulla para que se lo lleven al M.P.! –sentencio el líder de aquel trío.

Ramón que no había tomado cartas en el asunto y que hasta el momento contemplaba divertido la situación, se tornó serio cuando escuchó lo de la patrulla y preguntó a los oficiales lo que procedía; el mas joven le contestó:
--No se preocupe por su amigo, joven, solo lo llevaran para que el juez decida cual es la pena por la infracción que cometió, no pasara de 10 salarios mínimos.

El policía canoso mientras tanto, se comunicó por medio de un celular con la central y reportó el incidente haciendo uso verbal de las clásicas claves numéricas de la fuerza policial. Ramón hacía un calculo mental de a cuanto podría ascender la multa cuando de pronto los policías pidieron a David acercarse a la calle pues venia en camino una patrulla.
Los dos jóvenes siguieron a los uniformados y los cinco esperaron a la orilla de la banqueta, mientras un río de carros con faros encendidos atravesaban la calle a altas velocidades. En eso se divisó una torreta azul y roja, los tres regordetes policías agitaron los brazos para que la patrulla se detuviera y así sucedió, pues esta se alineó a la banqueta y el conductor se asomo por la ventanilla, preguntando:
--¿Qué paso compas?
--Una infracción civil, orinando frente a la capilla de la inmaculada concepción de Maria
--¡Uyy, pos si esta grave! Pero nosotros no los podemos llevar ahora estamos dando un rondín, nos avisaron que vieron el carro de la parejita esa que siempre se encuera. Parece que ya les gusto que los sorprendamos, la vieja esta bien buena. Esperen a que pase otra patrulla ¿No?
--Pues como usted diga compañero, ahí nos vemos
--¡Igual compa, ahí te ves! –dijo el patrullero mientras aceleraba y se perdió rápidamente en una boca calle.
--¡Rondín, mis tompiates, pinches huevones! –dijo el líder de los tres policías— y todavía les dan patrullas a nosotros ni bicicletas, a pura pata nos traen, no cabe duda que no sirve de nada ser honrado.
--¡Ya bájele mi sarge!, Ahí viene otra –le dijo el azul de rubio mostacho
--¡Pues párala inútil!

Así hizo el joven poli, bajando de la banqueta para hacerse notar. La patrulla divisada, procedió a orillarse y en esta ocasión el copiloto que parecía ser un policía veterano, bajo del vehículo cuando este continuaba en movimiento y rodeándolo por la parte de atrás subió a la banqueta y prorrumpió:
--¡Aja! ¿Que tenemos aquí, un caso de drogas? Bien hecho muchachos, desde este momento yo me encargo.

Ramón y David aunque serios, se asustaron por la aseveración del patrullero y los tres panzones perseguidores del crimen se quedaron callados hasta que el mas joven interrumpió:
--No, pero si solo estaban meando en el parque, --luego reflexionando dijo-- bueno de hecho solo uno de ellos.

El colmilludo policía frunció el ceño queriendo fulminar con la vista a su novato compañero con todo y su simpático bigote y agrego:
--¿Y acaso ya los revisaron bien, que no saben que el uso de algunos enervantes produce incontinencia y unas ganas tremendas de vaciar la vejiga?
A lo que David molesto contesto:
--¡Si, sobretodo el consumo en exceso de H2O! No diga sandeces y llévenme ya al M.P. que traigo prisa.

El comentario no agradó mucho al patrullero y se preparaba a contestar, cuando su compañero que permanecía al volante, le interrumpió:
--¡Tenemos un 82-87!
--Tendrán que esperar otra unidad, buenas noches –dijo el veterano y una vez abordo el vehículo este arranco y se perdió en la distancia al igual que la primera patrulla.

Los tres policías se impacientaron por la situación que cada vez le parecía mas cómica a los dos muchachos, el silencio fue interrumpido por el sargento que furibundo dijo:
--¡Me lleva la que me trajo! ¿qué nos van a dejar aquí toda la noche? –y después dirigiéndose al policía canoso prosiguió—¡Senties, llame otra vez al cuartel, dígales que nos envíen alguien que sirva para algo, que si no voy a liberar al infractor!

David ser alegró al escuchar la amenaza del sargento, pero se desilusionó rápidamente cuando el ruido de una patrulla los hizo darse cuenta nuevamente de las luces rojas y azules de una nueva patrulla. Otra vez los policías hicieron guiños para detenerla, esta vez los patrulleros venían directamente del cuartel, causa expresa por la infracción cometida.
Revisaron de pies a cabeza a David y le indicaron abordara a la unidad, se volvió una tragedia cuando le dijeron a Ramón que el no podía subir al vehículo para acompañar a su amigo, pues solo tenían permitido transportar a infractores
Ramón pensó en marcharse a su casa, pero David le dijo:
--Me alcanzas allá ¿no? A lo mejor necesito que me prestes lana
--Por supuesto, nos vemos allá –respondió-- ¿Dónde es?

Ramón caminaba por una gran avenida con camellón, los policías le habían indicado como llegar al M.P. supuestamente estaba localizado a unas 12 cuadras del parque, no era muy lejos pero todavía era de noche y a pesar de que ya se divisaba la aurora del amanecer en el horizonte, todavía no se veía pasar ningún autobús, trolebús, microbús o pesero.
Decidió tomar un taxi, se acercó a la calle y extendió el brazo al primer vocho verde que pasaba, este se orilló al instante, el conductor abrió de un empujón la puerta y al mismo tiempo la sujetó con una cadena amarrada a ella.
--¿Adónde lo llevo joven? –dijo amablemente.
--Aquí al M.P. derecho como a unas 10 cuadras
--¡Uyy no joven, pensé que iba pa mi rumbo, es que ya me voy a dormir!
--Solo son diez cuadritas, no es tanta vuelta –le rogó Ramón
--¡Esta bueno, pero le cobro doble banderazo, pa que valga la pena joven! ¿Qué dice? –dijo el taxista descarando el intento de estafa.
--No, pues no. Ahí la dejamos mejor –dijo Ramón dándose cuenta del timo.
--Le va a costar trabajo agarrar otro taxi, pero pues como quiera –el conductor jaló la cadena y acelerando simultáneamente se alejó azotando fuertemente la puerta de su vehículo.


Sin saber que pensar Ramón se quedó estático por su mente pasó que ese taxista era mas inútil que el ángel de la guarda de los Kennedy.
Pero su pensamiento se interrumpió cuando divisó la torreta de otro taxi que se acercaba, se abalanzó a la calle y movió los brazos desesperado, pero el conductor al parecer se asusto pues reaccionó de una forma muy extraña, frenó en seco como a treinta metros de Ramón, quien se acercó corriendo al vehículo, pero el taxista piso el acelerador, metió la reversa, se dio vuelta en “U” y se escapó en sentido contrario.
Ramón se impresionó mucho por lo ocurrido, volteó para todos lados, buscando alguna explicación lógica la cual no halló por ninguna parte, entonces continuó su camino.
Unas cuadras después, divisó otro taxi, pero este venia del otro lado del camellón, el muchacho grito con todas sus fuerzas:
--¡TAXI!

El conductor dio un flashazo con las altas y rápidamente tomó el retorno para ir en busca de su nuevo cliente. Abrió la puerta empujándola y dijo efusivamente:
--¡Buenos días! ¿Adónde lo llevo?
Ramón sin decir nada abordo rápidamente y de la forma más cortés que pudo dijo:
--Voy aquí cerca como a nueve cuadras.
--Muy bien joven, agárrese –contesto el taxista, cerrando la puerta con su también clásica cadena y prosiguió-- ¿Qué ya a descansar a su humilde morada, mi buen?
--¡No para nada! –dijo Ramón.
--Espero no este yendo al trabajo, por que además de que nadie debiera trabajar en domingo lo veo muy jodido como para acabar de levantarse.
--No ¿cómo cree?, Voy por un amigo aquí al M.P., ¿si lo conoce no?
--Pues espero se refiera al M.P., por que a su amigo no tengo el gusto –respondió riéndose en forma sarcástica.
--Je je je, --rió Ramón—Oiga por cierto, hace rato paré otro taxi pero se detuvo en seco y se dio la vuelta, poniendo pies en polvorosa ¿Qué le habrá pasado no sabe?
--Je je je, ¡Le vieron cara de caco!, es que su pinta no le ayuda nada, yo lo subí solo por que es mi primer cliente y pues todavía no tengo nada que me robe, además es de mala suerte no atender al primero que nos haga seña. Por cierto ¿Si trae cambio verdad? Ya ve que estoy comenzando el día.
--Pues mire traigo un billete de 500 pesos –dijo Ramón—pero supongo que si usted no trae lo podemos cambiar en alguna tienda.
--Si no se preocupe, me alegra escuchar que traiga dinero que es lo que importa –dijo seriamente y de pronto dando un frenón, volteo su cuerpo sobre el asiento sosteniendo un arma.
Ramón ya no sabía que esperar no era su noche definitivamente. Miles de pensamientos pasaron por la mente de Ramón, ¿debía de dar el dinero y no arriesgarse? A lo mejor iba a necesitar el dinero para sacar a David del M.P., pues según sus cálculos la multa podría ascender a 480 pesos.
El salvar su vida comenzó a convertirse en su prioridad a la orden del asaltante metió su mano para buscar su cartera, pero los nervios lo traicionaron y debido a su lentitud el taxista desesperado estiró la mano para catearlo el mismo, pero se descuido pues bajo el arma y Ramón pudo ver una banda roja de fulminantes que sobresalía en la parte trasera del revolver, entendiendo que el arma era mas falsa que el taxista, lo golpeo en el rostro al tiempo que este acciono el gatillo. Y tal como supuso el desesperado muchacho, la pistola solo era de juguete, hizo mucho ruido y despidió un penetrante olor a pólvora pero no le provoco el menor daño. Abrió la puerta del Taxi y desesperado emprendió la huida metiéndose por una calle estrecha.
Sin saber ni como, después de correr como 3 cuadras Ramón se encontró frente a frente con la oficina del Ministerio Publico y jadeando empujó la puerta.
Vio a su amigo David saliendo de una oficina, acompañado por algún licenciado que lo reprendía amablemente por la infracción cometida, recordándole no hacerlo nuevamente.
David sonreía carismático, de pronto descubrió a su amigo en la entrada, se acercó y le mostró cual trofeo, una multa pagada por 48 pesos, levantada por la infracción de depositar desechos o basura en la vía publica.
Cuando salieron a la calle, el sol resplandecía en el horizonte y los pajarillos trinaban ya. David viendo a su amigo le sugirió:
--¿Y si tomamos un taxi, Ramón?
--No lo creo, prefiero caminar ¿y tu?
--No se, ya me dieron de nuevo ganas de mear –dijo David un poco serio.
--Pues ya sabes a la plaza Hidalgo, ahora solo esta como a 20 cuadras –dijo Ramón riendo.
--¡Suena bien! Pero no me terminaste de contar ese chiste
--¿Qué dices, cual chiste?
--Las tres cosas mas inútiles ¿recuerdas? El chiste que contabas
--Ahh claro, se me olvidaba, te decía que las tres cosas más inútiles del mundo son –Ramón alzó tres dedos, se disponía a contar cuando el mismo se interrumpió y dijo:
--¡Creo que después de esta noche, ya no lo sé!









por m A m E

3 comentarios:

Fernando dijo...

Que bueno que no repetiste lo de los Kennedy; admito que lo temi por un momento. y mmm ¿celular? ¿radio, no?

Muy divertido, no habia visto esa faceta tuya.

Paola dijo...

je je, cada vez mejoras la historia...y para cuando la versión del "ataque de los taxistas"??

Carlos Mora dijo...

Muy bien!